jueves, 24 de mayo de 2012

Crónicas de Birmania

Tras una larga ausencia vuelvo a activar este pobre blog abandonado y me propongo publicar una serie de artículos sobre mi reciente viaje a Birmania.

Llevaba ya tiempo deseando conocer este país, así que le propuse a Félix apuntarnos a un viaje organizado por nuestra agencia habitual y así lo hicimos, pero finalmente fue cancelado. Como ya nos habíamos hecho a la idea de pasar la semana santa en tierras birmanas, decidimos ir solos, aunque pidiendo a la agencia que nos organizase todo el tinglado, habida cuenta de que a esas alturas ya no nos daba tiempo ni de leer una guía turística.

Y para allá que nos fuimos, sin saber qué encontraríamos y sin haber visto ni una foto. Me gusta viajar así, sin ideas preconcebidas. Esto solo lo puedes hacer de dos formas: a lo kamikaze, sin preparar nada, lo cual requiere bastante tiempo y un alma aventurera de la que yo carezco, o a lo señorito, confiando en la organización de una agencia, que te busca un guía, un hotel y un itinerario.

Esta segunda forma es más segura, aunque sin duda la primera permitiría conocer mucho más a fondo el lugar al que nos dirigimos. Pero mi afán aventurero es de pacotilla y no contempla la posibilidad de quedarme tirada en una carretera desconocida sin hotel y rodeada de serpientes. Seguro que esto no me pasaría nunca, pero mi imaginación y mi miedo es desbordante, así que al fin ahí íbamos, con nuestro guía local, el mismo para todo el viaje, y a nuestros lujosos o, como poco, correctos hoteles internacionales.

Este es un placer agridulce que me ha causado problemas de conciencia no pocas veces, cuando uno se da cuenta de todo lo que tiene en comparación con lo poco que tienen otros. Pero a pesar de este sentimiento que tan a menudo me atormenta en tierras extrañas, me parece que viajar merece mucho la pena, sea como sea y en las circunstancias que a cada uno le convengan, ya sea cerca o lejos, en grupo o solo, austeramente o a lo grande. Viajar abre los ojos como ninguna otra cosa más lo hace. Y así me gusta que estén los míos, bien abiertos, para lo bueno y para lo malo.

Y hoy no hay foto, para no adelantar acontecimientos. El próximo viernes publicaré la primera de mis crónicas birmanas... sin ánimo de plagiar la novela gráfica de Guy Delisle que hoy recomiendo encarecidamente, no solo por lo pertinente que resulta hoy sino, sobre todo, por lo mucho que disfruté leyéndolo.

3 comentarios:

  1. ¡Qué bueno que desempolves la pluma!
    ¡Qué bueno que nos des poco a poco vuestros viajes, para poder adentrarnos sin prisa e ir entendiendo e interiorizando el lugar!
    Además, y por encima de todo, es una forma de estar con vosotros. Es un poquito como si nosotros hubiéramos participado de la aventura.
    Dentro de unos años, con la senilidad y la memoria borracha, esa que va y viene, dudaremos de si nosotros también hemos estado en Birmania o sólo fue una buena historia que nos contaste.
    ¡Me encanta tu vuelta!

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  2. Excelente blog, Silvia.
    Y acertadísima la alusión a Delisle, esa mirada entre inocente e irónica sobre los países del lejano Oriente.

    besos

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